Una estrella Fugaz en lo alto del Cielo...

sábado, 19 de febrero de 2011

Premio de Paw :3

Premio otorgado por Paw ._. aunque no sé que ciencia tienen estas cosas... puro spam XDDD de todas formas gracias linda *-*

Diez cosas que quizas no saben de mí...

1. Me dan alergia los gatos... incluso hace poco jugué con uno y ahora estoy pal pico y para empeorar la cosa... me pegó una pulga e_e doble tortura D'x


2. Me gusta la fantasía, quizas algunos piensen que es GAY que a un hombre le gusta la fantasía pero... y qué? vivan sus vidas mierda.

3. También me gustan las cosas con muchos colores, amo los colores sobre todo el verde. Rara atracción que tengo ahora por el verde porque mi color favorito antes era el morado ._.

4. No veo TV porque en realidad no transmiten nada que llame mi atención.

5. Me encantan las cosas dulces, pero NO la crema pastelera. La odio e_e la recontra odio, ver su color amarillo y viscoso me da asco.

6. Me gustan los chicos menores que yo *corre*

7. Uso anteojos porque soy corto de vista @_@

8. Amo a Changmin pero... secretamente también a Jaejoong. Y a pesar que mi pareja favorita es el Homin/MinHo... también lo es el MinJae.

9. Odio cocinar D: soy el menor y en mi casa mi hermana no cocina. No debería ser al reves? e_e

10. Según mi hermana tengo ciber-feromonas y atraigo a niños gays e_e (hahaha)


Ya que el premio se le da a tres personas *w* eligo a mi Lita... y ahí quedé xD

Korean Love. Pero aquí a que vaya a ver esto xD y tengo paja de avisarle así que si no lo ve, no lo ve no más. xD Te quiero.
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Only love is real [02/¿?]

Pareja: MinJae, ChangMin & JaeJoong
Género: AU, Romance, Angst, Psicología
Rating: PG-13
Nota: Esta historia es una adaptación del libro “Only love is real” del autor Brian Weiss. La historia no me pertenece, pero es tan linda que quise adaptarla a un MinJae…
Resumen: un fragmento de la historia de Jin-seo

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¡Hace tanto tiempo! Y todavía sigo siendo la misma Margaret. Lo único que envejecen son nuestras vidas. Donde estamos, los siglos sólo son como segundos, y después de vivir mil vidas, nuestros ojos empiezan a abrirse.

Eugene O’Neill


Antes de iniciar el tratamiento de Jin-seo, nunca había oído hablar de la terapia de regresión a vidas pasadas. En la época en que yo estudiaba, el programa de enseñanza no incluía esta materia, ni en la Facultad de Medicina de Hanyang ni en ninguna otra. Todavía recuerdo perfectamente la primera vez que apliqué este método. Había indicado a Jin-seo que retrocediera en el tiempo con el objetivo de descubrir traumas de la infancia que tenía reprimidos u olvidados, y que yo pensaba que eran los responsables de su ansiedad y su depresión.

Ella había llegado a un estado de hipnosis profunda que yo le había provocado hablándole con voz suave y relajante. Muy concentrada, atendía a mis instrucciones.

En la primera sesión de terapia realizada una semana antes habíamos practicado la hipnosis por primera vez. Jin-seo había recordado algunos traumas de su infancia con bastante detalle y emoción. Normalmente, en la terapia de regresión, si los traumas olvidados que se evocan van acompañados de emociones, un proceso que recibe el nombre de «catarsis», el paciente empieza a mejorar. Pero los síntomas de Jin-seo seguían siendo grves y supuse que lo mejor era que continuara recordando episodios de su niñez aún más reprimidos. De esta manera podría mejorar.

Conseguí que se trasladara a la edad de dos años, pero no fue capaz de recordar nada significativo.

- Regresa al punto en donde tus síntomas empiezan a manifestarse – le ordené claramente y con firmeza.

Me quedé atónito al oír su respuesta.

- Veo unas escaleras de peldaños blancos que conducen a un edificio, un edificio blanco con columnas, abierto. No hay puerta de entrada. Llevo un vestido largo… y un saco de tela tosca. Tengo el pelo rubio y largo, y lo llevo trenzado.

Era una mujer joven llamada Aronda que vivió hace unos cuatro mil años. Murió inesperadamente en una inundación o un maremoto que arrasó su pueblo.

- Unas olas enormes arrancan los árboles. No hay escape posible. Hace frío, el agua está helada. Tengo que salvar a mi bebé, pero no puedo… sólo puedo apretarlo bien fuerte entre mis brazos. Me ahogo; el agua me asfixia. No puedo respirar, no puedo tragar… agua salada. Me arrancan a mi hija de las manos.

Durante este trágico y emotivo recuerdo, Jin-seo jadeaba y tenía dificultad para respirar. De repente, su cuerpo se relajó por completo y empezó a respirar profunda y regularmente.

- Veo nubes… Mi hija está conmigo. Y también otras personas de mi pueblo. Veo a mi hermano.

Estaba descansando. Aquella vida había terminado. Aunque ni ella ni yo creíamos en otras vidas, acabábamos de vivir intensamente una experiencia ancestral. De un modo increíble, el miedo al ahogo y a la asfixia prácticamente desapareció de la vida de Jin-sep después de aquella sesión. Yo sabía que la fantasía y la imaginación no podían curar aquellos síntomas crónicos, tan profundamente arraigados. Pero la memoria catártica sí.

A medida que pasaban las semanas, Jin-seo iba recordando más vidas anteriores. Sus síntomas desaparecieron. Se curó sin la ayuda de medicamentos. Juntos descubrimos el poder curativo de la terapia de regresión. Debido a mi escepticismo y a mi rigurosa formación científica, me costó mucho aceptar la existencia de vidas pasadas. Dos factores acabaron minando mi escepticismo: uno rápido y muy emotivo, y otro gradual e intelectual.

En una de las sesiones, Jin-seo acababa de recordar que en una vida anterior había muerto víctima de una epidemia que había asolado la región. Cuando todavía se hallaba en profundo estado de trance, consciente de que flotara por encima de su cuerpo, fue atraída hacia un hermoso rayo de luz. Empezó a hablar:

- Me dicen que hay muchos dioses, porque Dios está en cada uno de nosotros.

Entonces empezó a revelarme detalles muy íntimos sobre la vida y la muerte de mi padre y de mi hermano pequeño. Ambos habían muerto años atrás, muy lejos de Seúl. Jin-seo, que era ayudante de laboratorio del Harbor-UCLA Hospital, no sabía absolutamente nada de ellos. Nadie podía haberle proporcionado todos aquellos datos. En ningún lugar podía haber conseguido toda aquella información. La precisión de sus detalles fue impresionante. Yo estaba sobresaltado y me estremecía a medida que ella iba revelando aquellas ocultas, secretas verdades.

- ¿Quién está contigo? ¿Quién te está explicando todo eso? – pregunté
- Los maestros – susurró - , me hablan los Espíritus Maestros. Me cuentan que he vivido ochenta y seis veces en un cuerpo físico.

En el transcurso de las sesiones restantes, Jin-seo transmitió muchos más mensajes que procedían de estos Maestros, unos mensajes hermosos sobre la vida y la muerte, sobre cuestiones espirituales y sobre el cometido de nuestra vida en la tierra.

Mis ojos empezaban a abrirse al tiempo que mi escepticismo era cada vez menor. Recuerdo que pensaba: «Puesto que Jin-seo no se equivoca respecto a mi padre y mi hermano, ¿podría entonces averiguar algo sobre las vidas pasadas, las reencarnación y la inmortalidad del alma?»
Creía que sí.
Los Maestros también hablaban de las vidas anteriores.


Elegimos el momento en que entramos en nuestro estado físico y el momento en que lo abandonamos. Sabemos cuándo hemos cumplido don la tarea que se nos encomendó realizar aquí en la tierra. Sabemos cuándo se nos acaba el tiempo y entonces aceptamos nuestra muerte. Pues sabemos que esta vida que hemos vivido ya no da más de sí. Cuando llegue el momento, cuando hayamos disfrutado del tiempo necesario para descansar y alimentar de energía nuestra alma, se nos permitirá escoger nuestro regreso al estado físico. Aquellos que dudan, que no están seguros de querer regresar aquí, es probable que pierdan la oportunidad que se les ha brindado, la oportunidad de cumplir con su deber cuando se hallan en estado físico.

Desde que viví esta experiencia con Jin-seo, he sometido a la terapia de regresión a más de mil pacientes. Pocos, muy pocos, alcanzaron el nivel de los Maestros. Sin embargo, he observado una sorprendente mejoría clínica en la mayoría de las personas. He visto cómo los pacientes recuerdan un nombre durante la evocación de una vida anterior reciente y después he encontrado documentos en el pasado, confirmando los detalles de la rememoración. Algunos pacientes incluso han encontrado sus propias tumbas de vidas anteriores.

Varios de mis pacientes han pronunciado algunas palabras en idiomas que nunca han aprendido o incluso oído en su vida actual. También he examinado a algunos niños que hablan lenguas extranjeras que no han aprendido con anterioridad. A esta capacidad se la denomina «xenoglosia».

He leído artículos de otros científicos que trabajan con la terapia de regresión y que han llegado a conclusiones muy similares a las mías. Tal como describo con detalle en mi segundo libro, este método es muy útil para pacientes de distintas patologías, especialmente para aquellos que sufren trastornos emocionales y psicosomáticos.

La terapia de regresión es también muy práctica cuando se trata de identificar y eliminar los hábitos negativos recurrentes en un paciente, como por ejemplo la drogadicción, el alcoholismo y los problemas en las relaciones. Muchos de mis pacientes evoca hábitos, traumas y relaciones desequilibradas que no sólo se manifiestan en sus vidas pasadas, sino que siguen apareciendo en su vida actual.

Pondré como ejemplo el caso de una paciente que al regresar a una de sus vidas anteriores recordó que tenía un marido agresivo y violento que ha aparecido de nuevo en el presente encarnado en su padre. Una pareja muy conflictiva descubrió que se habían matado mutuamente en cuatro de sus vidas pasadas. Las historias y las pautas son interminables. Cuando se ha identificado la pauta que se repite constantemente y se entienden los motivos de su manifestación, entonces puede romperse.

No tiene sentido seguir sufriendo. No es obligatorio que el terapeuta y el paciente crean en la existencia de vidas anteriores para que la técnica y el proceso de la terapia de regresión funcionen. Pero si se intenta, es frecuente que se obtenga una mejoría. Casi siempre se produce un crecimiento espiritual.

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Only love is real [01/¿?]

Pareja: MinJae, ChangMin & JaeJoong
Género: AU, Romance, Angst, Psicología
Rating: PG-13
Nota: Esta historia es una adaptación del libro “Only love is real” del autor Brian Weiss. La historia no me pertenece, pero es tan linda que quise adaptarla a un MinJae…

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Sabed, por tanto, que del silencio más inmenso regresaré. […] No olvidéis que volveré junto a vosotros. […] unos momentos más, un instante de reposo en el viento, y otra mujer me concebirá.

Kahlil Gibran


Hay alguien especial para cada uno de nosotros. A menudo, no están destinados dos, tres y hasta cuatro seres. Pertenecen a distintas generaciones y viajan a través de los mares, del tiempo y de las inmensidades celestiales para encontrarse de nuevo con nosotros. Proceden del otro lado del cielo. Su aspecto es diferente, pero nuestro corazón los reconoce, porque los ha amado en los desiertos de Egipto iluminados por la luna y en las antiguas murallas de Mongolia. Con ellos hemos cabalgado en remotos ejércitos de guerreros y convivido en las cuevas cubiertas de arena de la Antigüedad. Estamos unidos a ellos por los vínculos de la eternidad y nunca nos abandonarán.

Es posible que nuestra mente diga: « Yo no te conozco.» Pero el corazón sí lo conoce.

Él o ella nos cogen de la mano por primera vez y el recuerdo de ese contacto transciende el tiempo y sacude cada uno de los átomos de nuestro ser. Nos miran a los ojos y vemos a un alma gemela a través de los siglos. El corazón nos da un vuelco. Se nos pone la piel de gallina. En ese momento todo lo demás pierde importancia.

Puede que no nos reconozcan a pesar de que finalmente nos hayamos encontrado otra vez, aunque nosotros sí sepamos quiénes son. Sentimos el vínculo que nos une. En cambio, él o ella no lo ve. Sus temores, su intelecto y sus problemas forman un velo que cubre los ojos de su corazón, y no nos permite que se lo retiremos. Sufrimos y nos lamentamos mientras el individuo en cuestión sigue su camino. Tal es la fragilidad del destino.

La pasión que surge del mutuo reconocimiento supera la intensidad de cualquier erupción volcánica, y se libera una tremenda energía.

Podemos reconocer a nuestra alma gemela de un modo inmediato, nos invade de repente un sentimiento de familiaridad, sentimos que ya conocemos profundamente a esta persona, a un nivel que rebasa los límites de la conciencia, con una profundidad que normalmente está reservada para los miembros más íntimos de la familia. O incluso más profundamente. De una forma intuitiva, sabemos qué decir y cuál será su reacción. Sentimos una necesidad y una confianza enormes, que no se adquiere en días, semanas o meses.

Pero el reconocimiento se da casi siempre de un modo lento y sutil. La conciencia ilumina a medida que el velo se va descorriendo. No todo el mundo está preparado para percatarse al instante. Hay que esperar el momento adecuado, y la persona que se da cuenta primero tiene que ser paciente.

Gracias a una mirada, un suelo, un recuerdo o un sentimiento podemos llegar a reconocer a un alma gemela. Sus manos nos rozan o sus labios nos besan, y nuestra alma recobra vida súbitamente. El contacto que nos despierta tal vez sea el de un hijo, hermano, pariente o amigo íntimo. O puede tratarse de nuestro ser amado que, a través de los siglos, llega a nosotros y nos besa de nuevo para recordarnos que permaneceremos siempre juntos. Hasta la eternidad.

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Siempre había tenido la sensación de que mi vida, tal como la viví, era una historia sin principio ni final. Me sentía como un fragmento histórico, un pasaje aislado, al que no precede ni sigue ningún texto. Podía imaginarme perfectamente que tal vez había vivido en siglos anteriores y me había hecho preguntas que todavía no era capaz de responder; que tenía que volver a nacer porque no había cumplido la tarea que se me había asignado.

Carl Jung


JaeJoong era un chico atractivo, alto y delgado, rubio y mirada triste. Cuando se sentó con aire inquieto en el sillón abatible de piel de color blanco de mi despacho, advertí que sus melancólicos ojos cafés, salpicados de motas de color negro, desmentían la impresión de severidad que causaba su estricto y holgado traje de chaqueta azul marino. JaeJoong, tras haber leído Muchas vidas, muchos maestros e identificarse en muchos aspectos con Jin-seo, la heroína del libro, sintió la necesidad de visitarme en busca de aliento.

- No acabo de entender por qué has venido a verme – le comenté para romper el hielo.

Había echado un vistazo a su historial. A los pacientes nuevos les hago rellenar un impreso: nombre, edad, antecedentes familiares, principales enfermedades y síntomas. Las afecciones más importantes de JaeJoong eran la aflicción, la angustia y el insomnio. A medida que iba hablando, añadí mentalmente a su lista las relacionales personales.

- Mi vida es un caos – declaró.

Su historia empezó a salir a borbotones, como si por fin se sintiera seguro para hablar de estas cosas. La liberación de una presión encerrada en su interior era palpable. A pesar de lo dramática que era su vida y de la profundidad de las emociones que se ocultaban detrás de los que decía. JaeJoong trató enseguida de restarle importancia.

- Mi vida no es ni mucho menos tan dramática como la de Jin-seo – dijo – nadie escribiría un libro sobre mí.

Dramática o no, su historia seguía su curso. JaeJoong era un hombre de negocios que dirigía una floreciente empresa de contabilidad en Seúl. Tenía veinticinco años, y se había criado en Taebaek del lado occidental, en un ambiente rural, rodeado de animales en una enorme granja, junto a sus padres y su hermano mayor. Su padre era un trabajador nato, de carácter estoico. Le resultaba muy difícil expresar sus sentimientos. Cuando mostraba alguna emoción, solía ser la furia y la rabia. Perdía el control y se desahogaba bruscamente con su familia; incluso había pegado alguna vez a su hijo mayor. A JaeJoong le reprendía sólo verbalmente, pero él se sentía muy herido.

Todavía llevaba en su corazón aquella herida de la infancia. Los reproches y críticas de su padre habían dañado la imagen que tenía de sí mismo y un profundo dolor atenazaba su corazón. Estaba opacada y se sentía inferior, y le preocupaba que los demás, las mujeres en particular, se dieran cuenta de sus defectos.

Afortunadamente, los arrebatos de su padre no eran frecuentes; además solía encerrarse en su caparazón con la frialdad y el estoicismo que caracterizaban su conducta y su personalidad.

La madre de JaeJoong era una mujer independiente y progresista. Fomentaba la confianza de JaeJoong en sí mismo y al mismo tiempo lo cuidaba con afecto. La época y los hijos hicieron que permaneciera en la granja y aguantara, no sin reproches, la severidad y el retraimiento emocional de su marido.

- Mi madre era una santa – continuó explicando JaeJoong – Siempre estaba allí, cuidándonos, sacrificándose por sus hijos.

JaeJoong, el pequeño, era el preferido de su madre. Tenía muy buenos recuerdos de su niñez. Los momentos más tiernos eran aquellos en los que se había sentido más cerca de su madre. Aquel amor tan especial los unía y no cesó con el paso de los años. JaeJoong creció, terminó la escuela y se fue a Seúl a estudiar en la Universidad gracias a una generosa beca. Para él Seúl representaba una exótica aventura, y ejercía una gran atracción sobre él. A su madre le entusiasmaban las aventuras de JaeJoong. Eran amigos íntimos y, aunque se comunicaban principalmente por correo y por teléfono, su relación seguía siendo sólida. Las vacaciones eran épocas de gran felicidad, pues JaeJoong casi nunca se perdía la oportunidad de volver a casa.

En alguna de estas visitas, su madre mencionó la posibilidad de retirarse a Seúl en el futuro para así estar cerca de su hijo. La granja era grande y cada vez resultaba más difícil mantenerla. La familia había ahorrado una buena cantidad de dinero que aumentaba gracias a la sobriedad del padre. JaeJoong estaba deseando vivir cerca de su madre otra vez; de esa forma sus conversaciones, casi diarias, ya no tendrían que ser telefónicas.

JaeJoong decidió quedarse en Seúl tras terminas los estudios. Creó su propia empresa y la fue afianzando poco a poco. La competencia era feroz y el trabajo absorbía buena parte de su tiempo. Las relaciones con las mujeres no hacían más que aumentar su estrés.

Aproximadamente ocho meses antes de que viniera a verme, JaeJoong se hundió en la tristeza a causa de la muerte de su madre, provocada por un cáncer de páncreas. Sentía como si su corazón se hubiera roto en mil pedazos, como si se lo hubieran arrancado. Estaba atravesando un período de profundo dolor. No conseguía aceptar la muerte de su madre, no entendía por qué había tenido que ocurrir. Angustiado, me explicó cuánto había luchado su madre contra aquel cáncer virulento que estaba devastando su cuerpo. Sin embargo, su espíritu y su amor permanecieron intactos. Ambos sintieron una profunda tristeza. La separación física era inevitable y se acercaba lenta pero inexorablemente. El padre de JaeJoong, quien lloraba ya la pérdida, todavía se distanció más de la familia y se encerró en su soledad. Su hermano, que vivía en Suwon con su familia, acababa de cambiar de trabajo y estaba alejado de ellos. JaeJoong, por su parte, viajaba a Taebaek siempre que podía.

No tenía a nadie con quien compartir sus miedos y su aflicción. No quería ser una carga para su agónica madre. Se reservaba sus penas para él y por consiguiente se sentía cada vez más apesadumbrado.

- Voy a echarte tanto de menos…. Te quiero – le decía su madre – para mí, lo más doloroso es abandonarte. No tengo miedo a morir. No temo lo que me espera. Simplemente no quiero dejarte todavía.

A medida que su salud se iba debilitando, su firme propósito de sobrevivir perdía fuerza. Sólo la muerte podría liberarla de la agonía y el sufrimiento. Finalmente llegó el día.
La madre de JaeJoong se hallaba en una pequeña habitación del hospital, rodeada de su familia y sus amigos. Empezaba a respirar con dificultad. La sonda ya no drenaba; sus riñones habían dejado de funcionar. Iba alternando entre la consciencia y la inconsciencia. En un momento en que JaeJoong se encontró a solas con su madre, ésta abrió ligeramente los ojos en un instante de consciencia.

- No te abandonaré – le dijo de repente con la voz firme - ¡Siempre te querré!

Aquéllas fueron las últimas palabras que JaeJoong oyó pronunciar a su madre, que enseguida entró en coma. Su respiración era cada vez más entrecortada, interrumpida por largos silencios, hasta que de pronto se iniciaron los estertores de la agonía.

No tardó en morirse. JaeJoong sintió un vacio inmenso en su corazón y en su vida. Incluso sentía un dolor físico en el pecho. Tenía la sensación de que siempre iba a faltar algo. Lloró durante meses.
Añoraba las frecuentes conversaciones telefónicas con su madre. Intentó comunicarse con su padre más a menudo, pero él seguía tan introvertido como siempre y nunca tenía mucho que decir. Podía pasarse uno o dos minutos sin pronunciar palabra junto al auricular del teléfono. No era capaz de animar a su hija. Él también sufría, y eso le hacía aislarse todavía más. Su hermano, que vivía en Suwon con su esposa y sus dos hijos pequeños, también se sentía muy afligido por la pérdida, pero tenía que ocuparse de su familia y su trabajo.

El sufrimiento de JaeJoong desembocó en una depresión con unos síntomas cada vez más graves. Le costaba mucho dormir. Le resultaba difícil conciliar el sueño; se despertaba demasiado temprano por la mañana y era incapaz de volver a dormirse. Perdió el apetito y empezó a adelgazar. Su energía había disminuido notablemente. Ya no tenía interés por las amistades y su capacidad de concentración era cada vez menor.

Antes de la muerte de su madre, la ansiedad de JaeJoong se relacionaba principalmente con el trabajo: plazos de entrega y decisiones de responsabilidad. A veces también lo angustiaba la relación con las mujeres; no sabía cómo actuar ni cómo responderían ellas.

Sin embargo, el nivel de ansiedad de JaeJoong aumentó espectacularmente tras la muerte de su madre. Había perdido a su confidente, consejera y amiga más íntima. Ya no podía contar con su principal apoyo y punto de referencia. Se sentía desorientado, solo y perdido.

Me llamó para pedir hora de visita. Vino a verme con la intención de averiguar si en una vida anterior había estado junto a su madre o para intentar comunicarse con ella a través de alguna experiencia mística. En algunas conferencias y publicaciones yo había hablado de las perdonas que, en un estado de meditación, habían tenido estos encuentros místicos con seres queridos. JaeJoong había leído mi primer libro y sabía que se podía tener este tipo de experiencias.

A medida que la gente va aceptando que es posible, incluso probable, que la conciencia siga existiendo después de abandonar el cuerpo, empieza a vivir cada vez más este tipo de experiencias místicas en los sueños y en otros estados de alteración de la conciencia. Es difícil decir si estos encuentro son reales o no. Pero lo que parece evidente es que son intensos y muy emotivos. A veces la persona incluso recibe información concreta, hechos o detalles que sólo eran conocidos por los difuntos. Estas revelaciones que se producen durante los encuentros espirituales no pueden atribuirse únicamente a la imaginación. Ahora estoy convencido de que se obtienen estos nuevos conocimientos y tienen lugar estos encuentros no porque las personas deseen o necesiten que esto ocurra, sino porque simplemente así es como se establecen los contactos.

Los mensajes suelen ser muy parecidos, especialmente en los sueños: «Estoy bien. Me siento perfectamente. Cuídate. Te quiero.»
JaeJoong deseaba ponerse en contacto con su madre. Necesitaba algún tipo de bálsamo para aliviar su continuo dolor.

Durante la primera sesión descubrí nuevos aspectos de su vida. Había estado casado por poco tiempo con una contratista local que tenía dos hijos de su primer matrimonio. Era una buena persona y, a pesar de no estar locamente enamorado de ella, él pensó que aquella unión podía proporcionar cierta estabilidad a su vida. Sin embargo, la pasión conyugal no se crea artificialmente. Puede haber respeto y compasión, pero la química entre los dos tiene que existir desde el principio. Cuando JaeJoong descubrió que su esposa mantenía relaciones con otro hombre por el que sentía más pasión y entusiasmo rompió con ella a regañadientes. Lamentó mucho la ruptura y el hecho de separarse de los niños, pero no sufrió por el divorcio. La pérdida de su madre fue mucho más grave para él.

JaeJoong era guapo, y por ello resultó fácil establecer relaciones con otras mujeres después de su divorcio, pero tampoco éstas se caracterizaron por la pasión. Empezó a dudar de sí mismo y a preguntarse qué había en él que lo incapacitara para establecer nuevas relaciones con las mujeres. «¿Qué hay de malo en mí?», se preguntaba constantemente. Las dudas iban mellando su autoestima.

Las mordaces y dolorosas críticas que su padre le había dirigido durante su infancia le habían causado unas heridas psicológicas que volvían a abrirse con cada fracaso en sus relaciones con las mujeres.
JaeJoong empezó a salir con una profesora de una universidad cercana, pero ésta no quiso comprometerse con él debido a sus propios temores. Aunque en su relación había muchas ternura y comprensión, y a pesar de que se entendían bastante bien, la incapacidad de ella para comprometerse y confiar en sus propios sentimientos condenó la relación en un final desabrido e insustancial.

Unos meses después, JaeJoong conoció a una próspera banquera con quien inició una nueva relación. Él se sentía seguro y protegido, aunque, una vez más, no había mucha química entre ellos. Sin embargo ella, que se sentía muy atraída por JaeJoong, se enfadaba mucho y sentía celos cuando él no le correspondía con la energía y el entusiasmo que ella esperaba. Empezó a beber, y su actitud se fue volviendo cada vez más agresiva. JaeJoong también puso fin a esta relación.

Poco a poco había ido perdiendo la esperanza de encontrar a una mujer con quien pudiera establecer una relación íntima y satisfactoria.
Se sumergió totalmente en su trabajo, amplió su empresa y se recluyó entre números, cálculos y papeles. Su vida social se reducía básicamente a los compañeros de trabajo. Si de vez en cuando una mujer le proponía salir, siempre se las arreglaba para que ella perdiera el interés antes de que surgiera algo importante entre ellos.

JaeJoong era consciente de que se estaba haciendo mayor, pero todavía tenía la esperanza de que algún día encontraría a la mujer perfecta. De todas formas, había perdido mucha confianza.

La primera sesión, dedicada a recoger información sobre su vida, a establecer un diagnóstico y un informe terapéutico y a plantar las semillas de la confianza en nuestra relación, había terminado. El hielo se había roto. Por el omento, decidí no recetarle Prozac ni ninguna otra clase de antidepresivos. Mi objetivo era curarlo, no enmascarar los síntomas.
En la siguiente sesión, una semana más tarde iniciaría el arduo viaje retrospectivo hacia el pasado.


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viernes, 18 de febrero de 2011

Only love is real [Prólogo/¿?]

Pareja: MinJae, ChangMin & JaeJoong
Género: AU, Romance, Angst, Psicología
Rating: PG-13
Nota: Esta historia es una adaptación del libro “Only love is real” del autor Brian Weiss. La historia no me pertenece, pero es tan linda que quise adaptarla a un MinJae…

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El alma del hombre es como el agua.
Viene del cielo,
se eleva hacia el cuelo
y vuelve después a la tierra,
en un eterno ciclo.

Goethe

Justo antes de que se publicara mi primer libro, Muchas vidas, muchos maestros (Many Lives, Many Masters), fui a una librería de mi barrio y le pregunté al dueño si había encargado algunos ejemplares. Lo verificó en el ordenador y me respondió:

- He encargado cuatro. ¿Quiere uno?


Yo no estaba demasiado seguro de que se llegara a agotar la primera edición, aunque su tiraje era muy modesto. Al fin y al cabo, no era el tipo de libro que se espera de un psiquiatra serio. El él describí en qué medida la terapia de regresión a vidas pasadas a la que sometí a una paciente cambió radicalmente su vida y la mía. Sin embargo, yo sabía que mis amigos, mis vecinos y, por supuesto, mi familia comprarían más de cuatro ejemplares, aunque el libro no se vendiera en ninguna otra ciudad del país.

- Por favor – le dije - , mis amigos, algunos de mis pacientes y otros conocidos querrán comprar el libro. ¿Podría encargar algunos más?

Tuve que garantizarle personalmente la venta de los cien ejemplares que el librero encargó no muy convencido.

Me llevé una gran sorpresa cuando el libro se convirtió en un best seller internacional. Se han editado más de dos millones de ejemplares del texto y se ha traducido a más de veinte idiomas. Mi vida sufrió entonces otro cambio inesperado.

Después de licenciarme en la Universidad Nacional de Seúl y de completar mi formación médica de la Escuela de Medicina de la Universidad de Hanyang, trabajé como médico interno en el hospital de la Universidad de Paik Kwon y me especialicé en psiquiatría. Seguidamente, fui profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad de Severance.

Luego, durante once años, fui el presidente del Departamento de Psiquiatría Harbor-UCLA del Hospital en Corea del Sur.

Había escrito varios artículos científicos y colaborado en algunos libros. Estaba en la cúspide de mi carrera académica.

Yoon Jin-seo, el joven paciente del que hablé en mi primer libro, vino a verme al consultorio de Inje. Los detallados recuerdos de sus vidas pasadas, que al principio me costó creer, y su capacidad para transmitir mensajes sobrenaturales desde un estado hipnótico, hicieron que mi vida cambiara radicalmente. Ya no podía ver el mundo como lo había visto hasta entonces.

Después de Yoon Jin-seo acudieron muchos otros pacientes a mi consulta para que los sometiera a la terapia de regresión.

Aquellos que mostraban síntomas que se resistían a los tratamientos médicos tradicionales y a la psicoterapia de curaron.

En mi segundo libro. A través del tiempo (Throught Time into Healing), explico todo lo que he aprendido sobre el potencial de curación de la terapia de regresión a vidas pasadas. El texto contiene numerosos casos verídicos de pacientes reales.

La historia más interesante de todas aparece en Lazos de Amor (Only Love is Real), mi tercer libro. Trata de las almas gemelas, las personas que están unidas por los lazos del amor y que se reencuentran una y otra vez en sus distintas vidas. Cómo encontramos y reconocemos a nuestras almas gemelas, y qué decisiones debemos tomar que puedan transformar nuestra vida es uno de los temas más importantes y fascinantes de nuestra existencia.

El destino dicta el encuentro con los demás. Pero lo que decidamos una vez que hayamos encontrado a una pareja depende de nuestra elección, de nuestra libre voluntad. Una decisión errónea o una oportunidad desaprovechada puede conducir a una gran soledad y mucho sufrimiento.

Un acierto de la elección, una oportunidad aprovechada, nos puede proporcionar una profunda felicidad.

Kim JaeJoong, un joven de Taebaek, Corea del Sur, se sometió a esta terapia por el gran dolor y la ansiedad que sufría tras la muerte de su madre. También había tenido problemas en su relación con las mujeres, pues siempre escogía a fracasadas, drogadictas o gente que lo humillaba. Nunca había encontrado el verdadero amor entre las mujeres con quienes se había relacionado.

Empezamos nuestro viaje por distintas épocas pasadas, con unos resultados sorprendentes.

Al mismo tiempo que JaeJoong se sometía a la terapia de regresión, yo estaba tratando también a Shim ChangMin, un chico encantador que estaba pasando por una época muy difícil. Su hermana acababa de perder la vida en un trágico accidente. Además, los problemas que tenía con su madre y los secretos de su infancia parecían conspirar contra él.

ChangMin arrastraba una carga de dudas y desazón, y no tenía con quién compartirlas.

El también empezó a hurgar en el pasado para buscar soluciones y sosiego.

Aunque JaeJoong y ChangMin acudían a mi consulta en la misma época, no se conocían, porque venían a verme en distintos días a la semana.

Durante los últimos quince años he tratado a menudo a parejas y familias que han descubierto que sus cónyuges y seres queridos de hoy también lo fueron en vidas pasadas. En alguna ocasión he sometido a la terapia de regresión a parejas que simultáneamente y por primera vez se dan cuenta de que se relacionaron en una vida anterior.

Estas personas se quedan asombradas al descubrirlo. Nunca antes han experimentado nada parecido. Permanecen mudas en la consulta a medida que los acontecimientos se van revelando. Sólo después, cuando abandonan el estado hipnótico, descubren que han presenciado las mismas escenas y han sentido las mismas emociones. Y sólo entonces yo me doy cuenta de que se relacionaron en vidas pasadas.

Pero éste no fue el caso de JaeJoong y ChangMin. Sus vidas pasadas se fueron revelando en mi consulta independientemente y por separado. Ellos no se conocían. Nunca se habían visto antes. Ni siquiera yo mismo, viéndoles por separado y sin tener ningún motivo para sospechar que existiera algún lazo entre ellos, supe ver la conexión, aunque parecían describir las mismas vidas anteriores con unos detalles y sentimientos increíblemente parecidos. ¿Es posible que se hubieran amado y después perdido mutuamente en todas sus vidas pasadas?

Al principio, ni mis colaboradores ni yo nos dábamos cuenta de la fascinante trama que se empezaba a desarrollar en la confiada y tranquila atmósfera de mi consulta. Yo fui el primero en descubrir el vínculo que había entre ambos. Pero ¿qué hacer? ¿Debía decírselo? ¿Y si estaba equivocado? ¿Y el secreto profesional entre médico paciente? ¿Qué pasaría con sus relaciones en esta vida? ¿Estaba tal vez jugueteando con el destino? ¿Y si una relación en su actual vida no formaba parte de sus planes o no era lo más conveniente para ellos? ¿T si otra relación fracasada bloqueaba su evolución en la terapia y debilitaba la confianza que habían puesto en mí? Durante mis años de estudios de medicina y mi estancia como residente de psiquiatría en la Universidad de Hanyang se me había inculcado la idea de no perjudicar a los pacientes. Ante la duda, no hay que causar ningún daño. Tanto JaeJoong como ChangMin estaban mejorando. ¿Debía entonces olvidarme del asunto?

A ChangMin le quedaban pocas sesiones y pensaba abandonar el país. Era importante que yo tomara una decisión.

Lo que a continuación relato procede de documentos médicos, de la transcripción de cintas magnetofónicas que grabé y de mis propios recuerdos. Es una historia sobre el destino y la esperanza, una historia que ocurre en silencio todos los días. Ese día, alguien estaba escuchando.

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miércoles, 9 de febrero de 2011

Star dust [Prólogo/¿?]

Nota: Fanfic dedicado a mi hermana Lita que la quiero mucho.
Pareja:
JaeMin
Género: Romance, Fantasía, AU
Canción: Yanni - Whispers In The Dark


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He aquí otra vez, sobre un gran árbol, sentado en uno de sus gruesos brazos, de noche observando las estrellas y toda la extensión del cielo, miles de puntos brillantes. Todas las noches de luna llena salía a escondidas de casa para observar aquello. Esa luz casi invisible de la luna iluminando todo el prado y esas estrellas que a mi parecer me miraban y titilaban con cada suspiro que salía de entre mis labios. Pero el hacer esto no era precisamente para deleitarme con todo el cielo estrellado, mi mirada se concentraba en algo que era especial para mí, no sé por qué, solo sentía que era especial y necesitaba mirarla porque me hacía sentir tranquilo, mi corazón se tranquilizaba y palpitaba con total normalidad. Era como si me hablase y cuando sonreía titilaba para mí como si ella también sonriera. Es algo difícil de explicar pero aquella estrella me hablaba, palabras al viento que me regocijaban de paz, pero no solo eso, también me hacía sentir nostálgico, como si ella estuviese triste y me transmitiera lo que sentía.

Cargué mi espalda en el tronco del gran árbol, sin dejar en ningún momento de mirar aquella estrella. Era tan extraño pero a la vez tan normal. Entonces deseé saber que era ser una estrella, saber cómo se veía el mundo desde aquella altura.
Cerrando mis ojos y alzando las manos hasta mi estrella imaginé lo que era estar a su lado.

El sonido de las hojas al ser pisadas llegaron a mis oídos y una brisa tibia rozó mi rostro.

- ¿Te gusta mi estrella? – aquella voz me distrajo, buscando inmediatamente una figura sobre la tierra. Y ahí se encontraba un chico de cabello oscuro y ojos profundos, que iluminados por la luna se veían hermosamente dorados. - ¿Te gusta mi estrella? – volvió a preguntar pero yo no dije palabra alguna.

Con el impulso de lo inexplicable bajé del gran árbol, haciendo alboroto en mí caminar al pisar las hojas y situarme frente a él. Sus ojos eran tan absorbentes que podía dejar de respirar por las estrellas y comenzar hacerlo por sus ojos, seguir viviendo para admirar sus ojos.

- Ya no queda mucho tiempo – y su voz era tan hermosa, como un murmullo del viento que te hace suspirar por lo fresco y delicado que es. Se acercó más, dejando una de sus manos sobre mi mejilla. Oh, sus manos… sus manos eran tan suaves como los pétalos de una rosa. – Changmin – pronunció mi nombre. Sonaba tan bien de sus labios rojos y delicados. Quise preguntar cómo sabía mi nombre, pero no tenía fuerzas para eso – ya deja de mirarme – aquello sonó a reprimenda pero no dejé de mirarlo, y no lo hubiera dejado de hacer si él no hubiese cerrado sus ojos y cubierto los míos con sus suaves manos. - Ya no queda mucho tiempo – volvió a decir.

- ¿Tiempo para qué? – por fin las palabras salieron, aunque algo rasposas pues deseaba mirarlo otra vez.

- Debes recordar – el tibio aire de su respiración sobre mi cuello me hizo estremecer en placer – debes volver - ¿volver? ¿Adónde? – todo es tan solitario sin ti.

Me sentí desvanecer en ese momento, aunque no entendiese lo que me dijera mi corazón se oprimía en melancolía.

- Por favor vuelve a mí – y la fuerza de mi cuerpo desapareció al sentir sus cálidos labios sobre los míos, algo húmedo y salado mojó mis labios, dejándome saborear lo que era una lágrima. – Volverás a mí, ¿verdad? – quitó su mano, pero aun así no abrí los ojos. Quería impregnar la sensación suave sobre mis labios para no olvidarla. – Changmin… - una vez más pronunció mi nombre.

Mis ojos se abrieron deseosos de volver a mirar los suyos. Tan brillantes por la luz de Luna. Fijé más mi atención en su rostro. Era un hombre mayor, mucho mayor que yo. Lo sabía por la forma de sus hombros y su rostro, eran maduros, pero aun así no podía evitar sentirme enamorado de su apariencia. Un chico de quince años enamorado de alguien que acababa de ver. Pero no me sentía así, es como si ya lo conociera, como si no fuera la primera vez que acariciaba mi rostro.

Sin darme cuenta mis manos se acercaron a su rostro y acariciando sus mejillas me hicieron sentir mucha más nostalgia. Algo no estaba bien, si esto era un sueño quería despertar pero a la vez no, porque no quería dejar de mirarlo.

Algo cristalino mojó mis dedos al igual que mis mejillas. Mi corazón estaba tan triste por aquello inexplicable que también derramaba lágrimas… mi corazón estaba llorando.


Continuará...
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viernes, 21 de enero de 2011

Impregnado de ti [02/¿?]

Pareja: HoMin, Yunho & Changmin
Rating: NC-17
Género: Romance, vida escolar, Lime
Resumen: Segundo día de clases
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Ahí de pie se encontraba, mirando a ese alto y atractivo encargado de linda sonrisa y voz grave. Los miraba conversar a gusto. El chico a su lado de vez en cuando lo miraba y estaba tan incomodo con eso que prefirió dar marcha a otro lugar que estuviese vacio, pero esa mano que minutos antes estuvo entre la suya lo detuvo inmediatamente.

-tu cabeza, no te hice daño? – por segundos aquel gesto y tono de preocupación le parecieron lindos pero aun seguía siendo un chico de clase media.

-no – y con eso dio terminada la conversación, zafándose de su agarre con brusquedad aunque esa mano fuera tan suave y cálida. Dio otro paso.

-un momento – pero esta vez no fue aquel chico quien lo detuvo sino que el enfermero. Ahora era arrastrado de vuelta por los pasillos por donde antes corrió para alejarse de la enfermería.

-qué hace? Suélteme – exigía, pues no quería volver a aquel lugar, menos cuando le parecía tan sospechoso aquel hombre.

-primero curaré tu mano y veré que tu cabeza no tenga heridas – del susto siquiera se había dado cuenta de la herida que se hizo luego de caer.

Le dolía la cabeza pero no quería decirlo, prefería mil veces que lo revisara el doctor de la familia que un simple encargado.

Forcejeó pero no sirvió de nada, aun no tenía la fuerza suficiente para igualarse a un adulto.
El corazón se le aceleraba como nunca antes con ver lo cerca que ya se encontraban de la enfermería, el sonido de aquellos gemidos volvían a su mente pero todo desapareció tras abrir la puerta. Todo se encontraba en un profundo silencio. La cortina en la que antes vio dos siluetas se encontraba igual solo que la ausencia de las siluetas daba a una casi transparente cortina que se mecía con el viento que se colaba por la ventana.

En silencio se quedó, pensando en todo acontecimiento pasado y presente. Nunca podría imaginar algo como aquello así que no era su cabeza la que le jugaba malas pasadas.

-hace algo de calor aquí – el chico del cual siquiera recordaba el nombre se acercó a la cortina y la corrió, así dejaría mejor entrar algo de aire fresco.

-listo – desvió su mirada hacia abajo. La sonrisa del encargado lo dejaba igualmente algo hipnotizado, no recordaba en su vida ver tan linda sonrisa en un hombre – solo queda tu cabeza – lo vio ponerse de pie.

-no no, estoy bien, no tengo nada. Debo volver a clases – y casi corriendo y a tropezones quiso salir de ahí.

-Hey espera! – pero no se detuvo. Cerró la puerta tras de sí y caminó rápido, le fue tan agradable que el chico no lo siguiera.

Al volver a su salón sonó la campana anunciando el término del primer día de clases. Sin importarle las miradas sobre él entró y tomó su maletín. No se quedaría más tiempo en esa escuela por el día de hoy. Demasiadas malas impresiones y cosas que nunca imaginó ver ni escuchar atormentaban su mente.

….

Encerrado en su habitación podía pensar más claramente. Quería decirle a su padre que lo sacara de esa tormentosa y apestosa escuela pero sabía que no lo haría por más que inventase cosas creíbles. Sabía que su padre quería lo mejor para él pero es que al parecer no sabía nada de lo que ahí sucedía o con el pasar de los años cambió totalmente, con suerte aun estaba vivo el director de la escuela, el mismo que lo vio egresar de ahí y le dio la bienvenida a su hijo.

-Yunho? Yunho estás despierto? – o no, era él. No sabía que le diría sobre su primer día. Si le decía la verdad terminaría castigado y eso nunca era bueno.

Removió las sabanas y se metió debajo para hacerse el dormido. Si quería salir definitivamente de esa escuela y nunca más volver a saber de ella debía de idear algún plan.

….

Gruñó tras escuchar el odioso sonido del despertador y los toques de la puerta. Bostezó perezosamente y miró hacia el costado.

7:48

Como alma que se lleva el diablo se incorporó acelerado por lo tarde que era. Con el esfuerzo que hizo al querer quitarse las sabanas de encima terminó enredándose en ellas y caer de la cama escuchándose un estruendoso sonido cuando se golpeo la cabeza por segunda vez.

La empleada al otro lado de la puerta entró alarmada. Ahogando un grito por la impresión al verlo tendido en el piso. Se le acercó para ayudarlo.

Una vez más lo tocaban, pero esta vez era diferente. Tae Hee era la linda empleada y amiga, que muchas veces lo ayudó a escapar de espantosos castigos, y por ende le tenía mucho cariño.

-se encuentra bien – siempre le molestó lo formal que seguía siendo con él pero no podía hacer otra cosa que recordarle que dejara la formalidad para otro momento.

-Tae Hee ya es tarde – recordó al ver nuevamente la hora.

-por eso mismo vine a despertarlo – bastaron unas palabras de aliento para el segundo día de clases y casi voló para arreglarse.

No podía decir cuanto le agradaba esa chica por muy mayor que fuese, era su mayor secreto aunque tan secreto ya no podía ser, sospechaba que ella ya se había percatado de aquello hace bastante tiempo. Nadie podría llenar su corazón de tanta felicidad como lo hacía ella solo con un ‘buenos días’ cada mañana.

Por suerte no llegó tarde. La limusina lo dejó justo a la hora pero su padre se lo advirtió esa misma mañana. No podría volver a usar la limusina para salir ni ir a la escuela, tendría que tomar el bus como todo chico normal lo hacía. No quería ser normal.

Nuevamente ignoró a sus compañeros, sobre todo al que se sentaba a su lado el cual lo saludó pero no respondió, tomó asiento y ahí se quedó mirando hacía afuera por la ventana.

-buenos días alumnos míos – el salón completo comenzó a armar estruendos a tal saludo. Yunho se fastidió y miró al que sería el profesor de biología. No podía ser, no quería volver a ver a ese tipo y ahí estaba saludando amistosamente a sus compañeros y compañeras de salón que le pegaban como lapa a su lado.

Tras la petición del profesor todo se fueron a sus asientos. Era inevitable todo lo irritado que ya se encontraba. El incesante coqueteo de las chicas y chicos hacia aquel hombre y esos gestos descarados que él hacía hacia los menores y no faltaron las miradas de odio que algunos se dieron.

Para Yunho nada de esto era normal.

-comenzaremos pasando la lista. Ji Hoon podrías tomar la asistencia por mi? – el chico, presidente de salón con sonrisa de oreja a oreja asintió y recibió la lista de alumnos. Pasaban uno a uno y pronto se acercaba el suyo.

-Jung Yunho – no quería hablar y gastar oxigeno en afirmar su asistencia para alguien tan bajo como él.

Todos se miraron entre si, mas el profesor esperando a que el nombrado hablase mientras recordaba ese tan conocido y prestigiado apellido.

-aquí está –el chico a su lado habló. Maldecía por lo bajo y levantó la vista – es algo tímido – y con eso todos volvieron a lo que antes hacían después de soltar unas risitas. Bueno, deseaba ahorcarlo mas que hace unos segundos – Kim Heechul – se presentó pero solo recibió una mirada y luego un desprecio.

Ese suspiro que oyó de su compañero le dio a entender que si tenía mucha paciencia, ya lo había despreciado e ignorado, aun así no daría brazo a torcer, no se amistaría con ninguno de esa escuela.

No se tomó la molestia te tomar atención a la clase, siquiera a las miradas que recibía de vez en cuando del profesor. Su mente se alejaba cada vez más del salón, las voces se oían lejanas; como deseaba volver a su anterior escuela donde nadie lo molestaba y podía estar donde él quisiese.

-Jung Yunho – parpadeó con pereza y se incorporó sobre el pupitre. En el salón no se encontraba nadie mas que él y… - que mal, te dormiste en mi clase - Geun Suk sonreía no muy feliz, mas bien decepcionado – pero por ser el primer día que te toca conmigo lo dejaré pasar pero espero que no vuelva a suceder.

-profesor Geun Suk – ambos miraron hacia la puerta – disculpe la molestia pero es que Changmin… - al escuchar aquel nombre ambos se sorprendieron pero por diferentes causas. Yunho porque ahora recordaba el nombre del chico del día anterior y Geun Suk porque un pensamiento pasó por su mente, algo totalmente diferente.

-le sucedió algo? – preguntó con preocupación.

-bueno vera… - y esa expresión de duda le decían muchas cosas. Se disculpó y se fue con el chico.

Qué pudo haber sucedido que alarmó tanto al profesor? Estaba demás decir que nunca diría ni daría a conocer esa duda que había crecido en su interior.



-podrías decirme que fue exactamente lo que te sucedió? - Geun Suk miraba con reproche al chico frente a él – vamos Changmin dime quien te hizo esto – curaba ese corte en su labio y mejilla con cuidado, pensando en el dolor que el menor debería sentir.

-tsk.. el idiota de Minho se creyó con derechos sobre mi, no fue mas que decirle que todo había sido por diversión para que me golpeara – se quejaba Changmin completamente serio, para Geun Suk eso no era extraño.

-te dije que no te metieras con él – suspiró al recordarlo, sabía que Minho tenía ese tipo de carácter – hablaré con él para arreglar las cosas – le sonrió.

-si no haces algo antes entonces lo haré yo

-ok ok pero deja esa seriedad que solo me haces desearte – con fuerza lo tumbó sobre la camilla.

-oh profesor Geun Suk esto no es correcto – dijo con sarcasmo, pero no le permitió continuar con sus tonterías. Lo besó importándole muy poco la herida en su labio – Changmin – susurró a su oído – quiero que hagas algo por mi – coló con lentitud su mano bajo la camisa blanca que escondía una hermosa piel morena.

-lo que me ordenes – buscó nuevamente sus labios pero antes de tomarlos el mayor le susurró.

-quiero que te encargues de Jung Yunho.

Continuara (?)
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